lunes, 2 de septiembre de 2013

Blablabla Zzzz

Después de un episodio de claustrofobia temporal (en contexto más que en duración) he vuelto.

Quisiera hablar de la lista negra que al parecer nació para ser gorda, pero no tiene caso.

Podría hablar de que el cobre se va a acabar y vamos a terminar todos ilustrados y cesantes.

O podría hablar de sacos de arena, pesos extra y polizontes ingratos... pero no.

Han sido semanas negativas - me pregunto si es culpa mía - probablemente sí, el mundo era como las huevas antes de que yo naciera y lo seguirá siendo después de que me muera, al final es cosa de cada quien ver como conserva su paz mental.

El otro día hablamos de Chomsky (en un carrete), de la teoría del lenguaje y como la realidad se construye en el lenguaje y no viceversa como se piensa.

Hablamos también de las Coreas y de como hay que dudar de la información, poner en tela de juicio cada palabra que venga desde afuera, no aceptar de buenas a primeras que nos impongan realidad.

Noticias, expectativas y esperanzas se vuelven conceptos violentos. La comunicación se basa en la continua violación del espacio personal del otro, construir realidad en su realidad, llenar con palabras lo que no se puede llenar con actos, llenar con gestos las distancias.

Y así, rara vez importa lo que se dijo, si no por qué lo dijo y como lo dijo ¿que pensaba cuando lo dijo? ¿que quería lograr con lo que dijo? ¿porque chucha no lo dijo antes?

Menos Carlos Cauthemoc y más filosofía del lenguaje en los colegios.

...


Mañana será un buen día

2 comentarios:

  1. Me encanta la filosofía del lenguaje... por eso me gusta tanto el psicoanálisis... me encanta todo lo que el lenguaje no alcanza a decir, me encanta cuando una palabra cambia el curso de una historia para bien o para mal. La gente suele tomarse las palabras muy en serio, las graba, como si uno permaneciera de la misma forma que ellas, como si uno no cambiara de parecer.

    Hay que ser consecuente, pero nunca tanto digo yo. Por eso hablo poco.

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  2. A mi me gusta por las mismas razones, pero por eso yo hablo harto (y escribo otro tanto). Me gusta jugar con las palabras, decir nada cuando hablo mucho, decir mucho cuando hablo poco o a veces quedarme callado y ver como la realidad queda en el aire. El tema es que en mi contexto actual no tengo esa libertad y eso me tiene quemado

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